martes, mayo 30

Hola. Son las 23:16 del martes. Odio los martes. Hoy fue uno de los días más fríos del año en Buenos Aires. Ayer me quede despierta de más mirando Twin Peaks. No sé cómo no la vi antes. Y pensaba, como es de esperarse, en mirar el capítulo que sigue, pero algo me dijo que tenía que parar y volver a escribir. Porque hable con alguien que me hizo hablar conmigo misma. Ustedes creen que siempre que hablamos nos estamos escuchando? Tal vez fue una de las poquísimas cosas en las que esa psicóloga acertó: no. Bueno, yo creo que a veces más hablo, menos estoy hablando de lo que quiero hablar. Por eso escribo. Estuve pensando en todo con la compañía de un té que traje de Inglaterra creyendo que era "la gran cosa" y unas galletitas pepas marca pirulo ayer a la noche. Recordé las noches que teníamos, de seguro muy distintas a las de las demás parejas, aunque ese no sea el punto; pero tenían un "que se yo", viste? Me gustaba cuando estaba acostado boca arriba y me contaba sus cosas. Yo estaba sentada: siempre del lado derecho de la cama -era mi lado-. Y nada, intercambiábamos palabras que formaban oraciones. Nunca había silencios incómodos. Bueno, yo hablo mucho, así que silencios... no. Pero a veces los silencios que incomodan son los que se hacen en la mente. Los visualizo como una laguna y tampoco es una metáfora tan original, lo sé. Pero a ver si me explico: cuando te escuchas lo que decís pueden aparecer esas lagunas porque pueden aparecer dudas acerca de que tan sincero es lo que estás diciendo o que tan certero, si no le estas pifiando como Higuaín ponele o como yo a las medidas en pastelería. Perdón, me fui por las ramas. También pueden haber silencios porque ya la mente está muy vacía y las cuerdas vocales cortas. Pero no, no nos pasaba. Sabes, este tipo era distinto. Sabía un poquito de cada cosa, yo estaba embobada. Entonces todo el tiempo nos dábamos retruco. A veces el frenaba para decir "te amo" y algún beso en la mejilla o en los labios. Despues seguíamos. (Me río en voz baja) A veces poníamos alguna serie o película en Netflix. Sabes vos que, cuando salió Netflix, quisimos probarlo en su casa (el siempre incursionaba en las últimas cosas de tecnología, aunque el teclado de colores se llevó mi atención) allá por el, qué, 2010/11? Nos había parecido una recontra-re cagada. La película más nueva era Desayuno en Tiffany's (y estoy siendo generosa en relación a calidad). Había que pagar un tanto más o capaz el cambio del momento nos hacía sentir que era mucha plata y lo dio de baja. Perdón, me fui de nuevo. Como decía, a veces mirábamos alguna que otra cosa, y a veces también solo quedaba de fondo. Porque de alguna u otra forma se daba vuelta y nos quedábamos hablando sentados como indios enfrentados. O si no otras cosas que por la hora que es no estaría bien que las escriba. Y entonces ese cartel "Continuas viendo *tal serie*?" Y no, es que ya nos estábamos viendo a nosotros mismos. Siempre teníamos mucho que contar(nos). Teníamos nuestras propias series. Y acá tal vez le pifie: siempre quise hacerle sentir que todo lo suyo me interesaba tal vez de forma exponencial a como realmente era. No sé por qué le tenía tanta lastima de vez en cuando. Cuando fuimos amigos creía que no tenia muchas personas que lo escuchen, y también creía que yo era la persona capaz de hacerlo. Ahora extraño que escriba, pero tal vez a el no le hace falta escuchar.

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